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HABLANDO CON EL SOBERANO

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El mar y la creatividad: dos riquezas con gran potencial por delante

Por Max Montilla

La República Dominicana cuenta con dos activos estratégicos que, bien articulados, pueden seguir fortaleciendo su modelo de desarrollo: el mar que la rodea y la creatividad de su gente. En los últimos años se ha hablado con mayor claridad de la economía azul y la economía naranja, no como conceptos abstractos, sino como oportunidades reales para diversificar la economía y generar empleo sostenible.

La economía azul parte de una idea sencilla y necesaria: aprovechar los recursos marinos y costeros con responsabilidad. Para un país insular, el mar no es solo turismo, sino pesca, transporte, energía y ciencia. En este sentido, los esfuerzos por ordenar las costas, promover la sostenibilidad y fortalecer el turismo responsable marcan un camino que merece consolidarse y ampliarse.

El reto ahora es profundizar esos avances. Fortalecer la pesca artesanal, impulsar la acuicultura moderna, apoyar la investigación marina y continuar mejorando la regulación ambiental permitirá que el mar genere más valor económico sin comprometer su conservación. Aquí, la coordinación entre Estado, sector privado y comunidades resulta clave.

Algo similar ocurre con la economía naranja. El talento creativo dominicano es ampliamente reconocido, dentro y fuera del país. Música, cine, diseño, gastronomía y contenidos digitales muestran un dinamismo creciente. El desafío está en seguir creando condiciones para que ese talento se formalice, acceda a financiamiento y pueda integrarse plenamente a la economía nacional.

Convertir creatividad en desarrollo sostenible requiere políticas que acompañen al creador más allá del aplauso. Formación empresarial, protección de la propiedad intelectual y acceso a mercados son pasos necesarios para que la economía naranja continúe madurando y generando impacto social y económico.

Una oportunidad especialmente valiosa es la convergencia entre ambas economías. El turismo cultural costero, por ejemplo, permite integrar patrimonio, identidad local, gastronomía y sostenibilidad ambiental. Estas iniciativas fortalecen las comunidades, generan empleo y refuerzan el sentido de pertenencia, todo al mismo tiempo.

Como en todo proceso de desarrollo, la institucionalidad y la planificación a largo plazo son fundamentales. La continuidad de políticas, la evaluación de resultados y la coordinación interinstitucional permiten que los esfuerzos no se diluyan y que los avances se conviertan en políticas de Estado.

Esta columna busca aportar a una conversación constructiva sobre el futuro que podemos seguir construyendo. La República Dominicana tiene el mar, tiene la creatividad y tiene el talento humano. Consolidar estos sectores con visión, orden y cooperación es una tarea compartida que merece seguimiento constante. De estos temas —y de otros igualmente relevantes para el desarrollo nacional— seguiremos reflexionando cada semana por este espacio.

Nos leemos en otro articulo la semana que viene, Dios mediante. 

 

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