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HABLANDO CON EL SOBERANO

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De la rebelión del desencanto al ruido de las cacerolas

Por Max Montilla 

Muchos sienten que la política dominicana está entrando en una etapa peligrosa. Hace más de dos mil años, el historiador griego Polibio explicó que los sistemas políticos pasan por un ciclo de desgaste y deterioro al que llamó anaciclosis. En pocas palabras, cuando los gobernantes y/o funcionarios dejan de escuchar a la gente y las instituciones pierden credibilidad, el sistema comienza a debilitarse. En ese ambiente aparece lo que los griegos llamaban oclocracia, el gobierno de la muchedumbre: las emociones sustituyen las ideas, el enojo reemplaza el debate y la confianza desaparece. Los cacerolazos y las protestas que vemos hoy no surgieron de la nada; son señales de un malestar que lleva años creciendo y que no necesariamente sea un apoyo de los perremeístas a su propio partido, es un malestar de una clase social (media) que hoy se harto del gobierno.

La mayoría de los partidos políticos sigue creyendo que pierde elecciones por compra de cédulas, uso de recursos públicos o campañas mejor organizadas. Pero ese análisis se queda corto. El verdadero problema es que cada vez más dominicanos sienten que ningún partido los representa. Siguen votando porque creen en la democracia, pero ya no creen en quienes la dirigen. Ese divorcio entre la ciudadanía y la clase política es el combustible que alimenta el deterioro del sistema.

Uno de los primeros indicadores visibles de ese descontento apareció en las primarias semiabiertas del PLD de 2019. Antes de continuar, vale recordar el viejo refrán: «Cuando veas la barba de tu vecino arder, pon la tuya en remojo». Una de las explicaciones más difundidas sobre su origen sostiene que proviene de la antigua costumbre de los barberos de humedecer la barba de sus clientes con agua caliente para ablandarla antes del afeitado. Más allá de su origen exacto, el mensaje es claro: cuando un problema afecta al vecino, conviene prepararse porque podría tocarte después.

Mientras toda la atención del país estaba concentrada en la división interna del partido de gobierno de entonces, ocurrió un fenómeno que pasó casi desapercibido. Miles de ciudadanos marcaron la casilla «Ningunos», rechazando a todos los precandidatos. Para muchos analistas, ese voto representó una forma silenciosa de expresar el desencanto con la oferta política disponible. Solo en el nivel presidencial, más de 40 mil electores escogieron esa opción, superando incluso la votación obtenida por varios precandidatos de amplia trayectoria política.

En las candidaturas legislativas a nivel nacional el fenómeno fue todavía más grande. Cerca de 219 mil dominicanos votaron por ‘Ningunos’. En el Distrito Nacional fueron unos 32 mil votos y en la provincia Santo Domingo alrededor de 68 mil. Esa opción se convirtió prácticamente en la segunda fuerza de esas primarias. En lugar de preguntarse por qué tanta gente rechazaba a todos los candidatos, la clase política decidió eliminar esa casilla en los procesos siguientes.

 

Pero eliminar la casilla no eliminó el problema. Pues ¿De cuando a donde, eliminar la sabanas acaba con la fiebre? El rechazo simplemente tomó otra forma. Durante décadas, la abstención en las elecciones dominicanas rondó el 28% desde que se instauraron elecciones libres por allá por el mes de diciembre del 1962. Sin embargo, en las elecciones de 2020 y 2024 subió hasta cerca del 46%. Esa diferencia no puede explicarse solo porque la gente estuviera ocupada o no pudiera ir a votar. Hay millones de dominicanos que simplemente dejaron de creer en la oferta política actual. Y cuando una persona pierde la confianza en todo el sistema, está más dispuesta a apoyar cualquier opción, cualquier “outsiders” o vocinglero digital que prometa romper con lo establecido.

La realidad anteriormente descrita quedó reflejada en las elecciones de 2024 con la candidatura de Roque Espaillat, conocido como ‘El Cobrador’. Desde un partido emergente logró capturó cerca del 2 % del electorado nacional. La candidatura de Roque Espaillat permitió consolidar al Partido Esperanza Democrática como una opción con presencia nacional, aunque no puede atribuirse a esa candidatura la obtención de la representación legislativa del partido demostró que existe un segmento del electorado dispuesto a respaldar candidaturas ajenas a los partidos tradicionales Más allá del porcentaje, el mensaje fue claro: existe un grupo importante de ciudadanos dispuesto a respaldar propuestas que desafíen a los partidos tradicionales, aunque esas opciones tengan pocas posibilidades de ganar.

Los cacerolazos también deben entenderse desde esa perspectiva. No necesariamente significan que el partido de gobierno haya perdido toda su base política. Lo que parece haberse reducido es el apoyo de una parte de la clase media que en 2020 votó por el cambio, pero que nunca tuvo un compromiso permanente con ningún partido. Ese electorado es independiente, cambia de opinión cuando entiende que las cosas no marchan bien y expresa hoy su frustración haciendo sonar las cacerolas.

El gran reto para todos los líderes políticos es entender que la forma en que la gente se informa y se organiza cambió para siempre. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han habla del ‘enjambre digital’, una sociedad conectada por las redes sociales donde las ideas, las protestas y los movimientos crecen con una velocidad nunca antes vista. Pensar que todo lo que ocurre es simplemente una estrategia de la oposición sería un grave error. Existe un sector cada vez mayor de la población que desconfía de todos los partidos por igual. Si ese sentimiento continúa creciendo y nadie logra reconectar con esos ciudadanos, no sería extraño que en los próximos años aparezca una figura completamente nueva capaz de cambiar el mapa político dominicano.

Nos leemos, en otro articulo, Dios mediante. 

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