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PALABRAS DE VIDA

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Por Ariel Romero

 La humildad, ¿según quién?

 

Al pasar el tiempo vemos y escuchamos mucho acerca de la humildad, término que se le acuña a posturas y conducta de un ser humano. Este nos deja de manera seguida la interpretación de que la humildad está ligada al corazón de las personas. Muchas veces entendemos que esa es la condición de un humilde ¿y si les digo que no es tan simple como eso? La humildad tiene sus orígenes arraisgados en la tierra que se siembra y en la persona que realiza este oficio. Sembrar trata de conexión entre lo creado y lo formado, donde lo creado responde a la postura de honra de lo formado, entregando una semilla para que lo creado le regrese esa ofrenda multiplicada, pero primero lo que está diseñado para gobernarla tiene que mostrar respeto. La inclinación de esta entrega muestra el despojo de grandeza en el sembrador. Esto posible mente te  lleve a recuerdos,  si naciste en el campo, llenos de sembradíos donde un 5:00 A.M. era natural estar despierto para ir a la parcela de tus padres o de tus abuelos y podías ver esta posición de honra en momentos del ejercicio de la siembra. Una cosa es arar la tierra,  que es prepararla para luego recibir el reconocimiento del hombre entregando la ofrenda, para luego, al cabo de un tiempo, regresarla multiplicada.

La humildad, ¿según quién? Es que nos jactamos de muchas cosas, nos vanagloriamos de todo. El Apóstol Pablo dijo en una de sus epístolas que él tenía todo por basura, que si alguien tenía de que gloriarse era él, más Pablo no hacía uso de esos méritos.

La biblia describe la humildad como mansedumbre, humillación y la ausencia del ego. La palabra griega traducida «humildad» en Colosenses 3:12 y en otros lugares, literalmente significa «humildad de mente». Entonces vemos que la humildad no solo es una actitud del corazón, no simplemente una conducta externa. Alguien podría tener una apariencia de humildad, pero con un corazón lleno de orgullo y arrogancia. Jesús dijo que aquellos que son «pobres en espíritu» tendrían el reino de los cielos (Mateo 5:3). Ser pobre en espíritu significa que sólo aquellos que admiten una ruina absoluta de la condición espiritual, heredarán la vida eterna. Por lo tanto, la humildad es un prerrequisito para ser una buena persona en la tierra, si es que aún seguimos sembrando.

 

Que Dios te bendiga

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