Las democracias populares: caso chino
Por: Sabala Ricardo Yen
El término “democracia popular” se otorgó a los regímenes surgidos en la Europa del Este tras finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945. La definición la dio la Internacional Comunista. Según los documentos del XXII Congreso del PCUS, una democracia popular refleja “la peculiaridad del desarrollo de la revolución socialista en circunstancias en que el imperialismo se debilita y la correlación de fuerzas se modifica en favor del socialismo”.
En ella han encontrado asimismo su reflejo las particularidades históricas y nacionales de diversos países. La democracia popular es definida como una variante de la dictadura del proletariado (no algo distinto) en la que las clases se aliaban bajo la dirección del proletariado como clase dominante en pro del desarrollo del socialismo. Para representar a las distintas clases hay sistemas, habitualmente, de varios partidos (no sólo el comunista, como en la URSS), poseyendo el partido de clase marxista-leninista el papel de vanguardia de la sociedad, plasmado en las constituciones.
Intelectuales como Rodrigo Borja indica que la democracia popular no es más que un pleonasmo con que los ideólogos marxistas de Europa oriental designaron a sus regímenes políticos surgidos después de la Segunda Guerra Mundial. La noción de democracia lleva envuelta la de pueblo. Democracia es, etimológicamente, el poder, la autoridad o el gobierno del pueblo. Viene del griego demos, pueblo, y krateia, fuerza o poder. Luego el adjetivo popular no agrega algo al sustantivo democracia y resulta redundante.
La intención con que se acuñó esta expresión fue, sin duda, la de establecer sutilmente una diferencia conceptual entre las democracias formales de Occidente, más preocupadas por las libertades políticas que por la equitativa distribución del ingreso, y las “democracias populares” del Este europeo, que en realidad fueron monocracias autoritarias, preocupadas menos por la cuestión de las libertades políticas y los derechos humanos que por la seguridad económica de sus miembros.
En algunas democracias populares aunque no existía libertad de prensa ni de asociación, sí había elecciones periódicas a todos los órganos del Estado en los que se pretende representar las intenciones y aspiraciones de la población. Para ello se desarrolla un proceso electivo desde la base, desde el propio barrio o comunidad, donde los habitantes se reúnen en consejo de vecinos para designar aquellas personas que viven entre ellos para ser postulados y elegidos para ocupar diferentes cargos de gobierno en las instancias municipal, provincial y nacional.
Sin embargo, para los partidarios de las democracias liberales de corte occidental, el nombre de democracia popular no es más que un modo de denominar benévolamente lo que consideran un régimen totalitario y dictatorial que, según argumentan, impide por ley la crítica al régimen, excluye elecciones libres, practica ejecuciones extrajudiciales, encarcela disidentes y en general, ocupa las escalas más bajas en cuanto al respeto a las libertades civiles y los derechos humanos.
Caso Chino
Con la concepción que tenemos en occidente de democracia, es posible ver con otros ojos diferentes modelos que mayormente están agotados o son “cosas raras”, pero, ¿es posible que tras el desplome de las democracias populares de Europa del Este, que en la actualidad se hable de democracia popular y que ésta tenga legitimidad dónde se aplique? veamos el caso chino, único en su género.
Sobre la legitimidad del Partido Comunista Chino podemos extraer del mismo varias reflexiones y precisiones de carácter histórico y político para acercarnos lo más próximo al intríngulis de ese partido político.
El Partido comunista chino ha dirigido el destino de esa nación tras el triunfo de la revolución cultural de Mao Ztun en 1949 y un conjunto de hombres que abrazaron la revolución como camino a liberarse de las ataduras y cadenas coloniales de Europa y colaterales de Asia como los japoneses y mongoles. Para lograr ese propósito se creó una organización fuerte, con la capacidad logística, intelectual y fáctica para proyectar el proyecto que concibió el Partido Comunista. En primera instancia el camino de la revolución fue de “socialismo real” pero tras la muerte de Mao en 1976, Deng Xia Ping logra sostener el poder y en el seno del partido emprendió una revolución de valores que tradujo los sueños de gloria que fue obstaculizada por el poderío colonial europeo y sus recetas.
Dentro de los cambios más significativos en el Partido Comunista Chino emprendidas por Deng, fue el cambio de mentalidad de su clase dirigente y enarboló que era imposible proyectar a China más allá de sus fronteras y su aislamiento por lo apostó a una renovación del aparato productiva, en consecuencia, con este giro político de perspectiva la sociedad China experimentó una triple revolución, pasó de una economía cerrada a una abierta, dejó de ser una sociedad eminentemente rural a una urbana y pasó de una economía planificada a una de mercado donde el Estado es el principal actor y mayor inversor, por lo que la legitimidad del Partido Chino radica en que su modelo económico fue capaz de sacar a China del aislamiento, subdesarrollo y humillación y a convertirla en la segunda economía del mundo y la primera en paridad de exportación.
Otro aspecto en el que consideramos que descansa la legitimidad de ese partido político, es que ha impulsado el desarrollo de la ciencia y tecnología, China es pionera en 5g, lleva la delantera en la denomina cuarta revolución industrial, donde los principales factores clásicos de producción: trabajo, tierra y capital ha sido paulatinamente por otro tipo de bien, el conocimiento.
China se ha occidentalizado con respecto a la adquisición de ciencia y tecnología y modelo económico, pero con sus particularidades, en cambio su modelo político no ha variado, una organización política dirige los destinos nacionales y planifican metan comunes en plazos de 20, 30 y cuarenta años.
Finalmente, entiendo que los procesos políticos y sociales de otras sociedades no deben analizarse desde la perspectiva que hemos interiorizado, obedeciendo a esquemas de pensamientos alejadas de la “realidad real” pues resultan complejos. Como cientista social realizamos un esfuerzo por alejarnos de nuestras pasiones para abordar los hechos tal como, esto no quiere decir que hay que renunciar a nuestras convicciones ideológicas propias.
¡EN MARCHA!







































