Por Max Montilla
La ideología en un partido político es como la fe en un creyente, no debe de ser cambiada a menos de que se pierda el concepto de la ética y la moral.
En República Dominicana, los partidos políticos la carecen, al menos en la práctica, porque algunos lo tienen descrito en sus estatutos.
La ideología se define en base a los intereses que el partido busca junto a la sociedad. Esto supone, que la ideología es una señal ante la sociedad y ante los partidos adversos, además constituye un elemento de legitimidad de la dirección del partido.
Si lo vemos desde el punto de vista de Friedmaniano, un partido “burgués” nunca podrá enarbolar una ideología que predique la socialización de los medios de producción, lo mismo pasaría con un partido que se defina “socialista”, que puede tener políticas muy variadas, pero nunca podrá tener una ideología anti sindical.
Visto así, en nuestro país se ha desvirtuado hasta cierto modo las ideologías, puesto que en la medida que someten sus políticas reales que dicen sus estatutos, en la mayoría de los casos entran en conflicto con la misma identidad partidaria ideológica configurada.
En un partido con una ideología clara, se pueden diferenciar más fácil cuatro elementos indispensables, los cuales son:
1. El elector o votante
2. El simpatizante
3. El afiliado
4. El militante comprometido
LA DESCONFIANZA POLÍTICA
Para algunos autores de la teoría de la modernización como Russel Dalton “la desconfianza política es el producto del cambio de valores sociales predominantes, producidos por la nueva pauta de consumo y relacionamiento social en las sociedades complejas” (Russell 2005). Para otros como Paramio “afectan tanto a las nuevas y las viejas democracias” (Paramio 1999). Sin embargo, para unas y otras democracias los mismos fenómenos se repiten.
Si tomamos la vieja y nueva democracias y su desconfianza en la política, citando a Francisco Cueto Villamán, están basadas en las viejas: “La desaparición desde 1989 de alternativas del sistema democrático, por el debilitamiento de los vínculos de identificar a ciudadanos y partidos, por las frustraciones ante los resultados de la política, ante los modelos económicos y la adopción del estado de bienestar, a partir de la II guerra mundial por los países europeos. En las nuevas, su legado histórico, la debilidad institucional y el estado de derecho y la sobrecarga de demandas a las que está sometido el Estado” (Villamán 2007).
Según el profesor Salvador Ramos, en una entrevista en Nicaragua en 2008, en su posición como Observador del Consejo de Expertos Electorales de América Latina (CEELA) del proceso electoral, ante la pregunta del reportero de que si existe un nivel de desconfianza en la República Dominicana y su sistema electoral, él respondió lo siguiente: “Sí. República Dominicana y Nicaragua tienen muchas similitudes en torno a la desconfianza, y entiendo que en México es igual.
Hablando con un amigo le decía que estos tres países enfrentan los más altos niveles de desconfianza electoral, y él me respondió que no, pues también existía en Ecuador” (Pantoja 2008).
En esta misma entrevista el profesor Ramos dijo además que, eso se expresaba más en el nivel de confrontación ideológica de los partidos y del propio sistema electoral. Refiriéndonos al caso anterior podemos citar a Gamson con relación a la desconfianza política, partiendo de su hipótesis, cuando expresa que: “descontento con los gobiernos de turno, desconfianza hacia las instituciones políticas, alienación respecto al sistema político son cvasi lo mismo” (Gamson 1968).
Datos más precisos nos afianzan esta postura, tal es el caso del estudio auspiciado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), llamado “Cultura política de la democracia en República Dominicana, 2012: hacia la igualdad de oportunidades”, citamos: “El apoyo al sistema y la tolerancia política tienen efectos importantes en la consolidación de la democracia. Las democracias estables necesitan instituciones legítimas y ciudadanos que toleren y respeten los derechos de los demás”. En la Tabla 1 se resume la manera en la que la tolerancia y la legitimidad política pueden afectar la democracia estable, de acuerdo con los estudios anteriores del Barómetro de las Américas. Si la mayoría de la ciudadanía demuestra altos niveles de apoyo al sistema y alta tolerancia, puede esperarse que la democracia se mantenga estable y se consolide. Por el contrario, si la mayoría de la ciudadanía es intolerante y muestra desconfianza en sus instituciones, el régimen democrático puede estar en peligro” (Espinal 2012).
En este mismo estudio refleja el nivel de desconfianza en una recta numérica donde 0 refleja el “no apoyo y el 100 “apoyo”, comparándolo entre Belice y Hondura, donde Belice tiene el 61.7 % y Honduras 41.4 %, República Dominicana ostenta el 48.8 %, además se refleja una decaída del sistema político entre 2006-2012 de 9 puntos y en el 2010-2012 de 5 puntos.
En una próxima entrega estaré hablando con el Soberano acerca del Clientelismo político en República Dominicana.




































