Por Bienvenido Carmona Padre
La vida de Gregory Méndez, minero rescatado este martes tras un derrumbe que lo mantuvo sepultado junto a otro durante 10 días, es una gran ironía.
Mientras se adentra en las entreñas de la mina a buscar riquezas para otros, afuera, su realidad se desenvuelve en medio de una deprimente pobreza.
Tras casi 10 días “sepultado” en vida, el “sueño” de Gregory es que su familia lo reciba con su plato favorito: arroz con salami.
Y ya en el plano habitacional, contrario a las grandes mansiones que se pueden comprar con las riquezas que le extrae a la madre tierra para otros, él vive junto a su abuela y su hija de seis años en una casita de cemento y madera, techada con zinc.
¡Que irónica es la vida!
De 7.00 de la mañana a 7.00 de la noche se la pasa buscándoles riquezas a otros, mientras la pobreza lo quiebra a él, aplicándole a su vida el nombre del pueblito en que vive: “La Qebradita”, de la provincia Sánchez Ramírez, cercano a un río que hace frontera con Monseñor Nouel.






































