Por Redacción CA
Tra el nuevo sismo que ocurrió ayer en México, la población vive bajo una constante tribulación, pensando en “¿cuándo vendrá el otro?”.
El pánico se ha apoderado de los mexicanos por lo rápido que se sucedieron los tres últimos sismos.
la población del centro y sur de México, que aún no se recupera de los terremotos registrados con una diferencia de doce días y que han dejado más de 400 fallecidos, recibió el de ayer, que causó dos muertes por «infarto» a raíz de crisis nerviosas.
Después de los efectos devastadores de los movimientos telúricos del 7 y el 19 de septiembre, la población tanto de la capital como de los estados del sur del país vive con los nervios de punta y el oído aguzado para detectar al primer segundo la alarma sísmica.
En Ciudad de México, donde las labores de rescate de sobrevivientes continúan cuatro días después del peor terremoto registrado desde 1985, también un 19 de septiembre, muchas familias duermen reunidas bajo el mismo techo, en el mejor de los casos, ante el temor a una nueva tragedia.
Otras han montado tiendas de campaña frente a edificios que quedaron severamente dañados el martes pasado para vigilar que no les roben sus pertenencias, a pesar de la fuerte presencia de militares y marinos custodiando los inmuebles, o a la espera de noticias sobre cuál será el futuro de su patrimonio.
En el peor de los casos, cientos de personas aún están en las inmediaciones de las estructuras derruidas con la esperanza de que los equipos de rescate, ya sea mexicanos o de diferentes lugares del mundo que han llegado a apoyar las labores, puedan sacar con vida a sus seres queridos de entre los escombros.
En Ciudad de México, donde las labores de rescate de sobrevivientes continúan cuatro días después del peor terremoto registrado desde 1985, también un 19 de septiembre, muchas familias duermen reunidas bajo el mismo techo, en el mejor de los casos, ante el temor a una nueva tragedia.
Otras han montado tiendas de campaña frente a edificios que quedaron severamente dañados el martes pasado para vigilar que no les roben sus pertenencias, a pesar de la fuerte presencia de militares y marinos custodiando los inmuebles, o a la espera de noticias sobre cuál será el futuro de su patrimonio.
En el peor de los casos, cientos de personas aún están en las inmediaciones de las estructuras derruidas con la esperanza de que los equipos de rescate, ya sea mexicanos o de diferentes lugares del mundo que han llegado a apoyar las labores, puedan sacar con vida a sus seres queridos de entre los escombros.






































