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El rostro humano del Poder

Por: Sabala Ricardo Yen

sabala95@outlook.com

En dos décadas que lleva el siglo XXI, el mundo ha vivido importantísimas transformaciones en todos los órdenes habidos y por haber, lo que no era, ya es, y lo que era, ya no es. Dentro de esos cambios meteóricos que antes era una ilusión plantearlo y que estaba fuera de las agendas de debates, hoy son hechos si y solo si, por una revolución de valores y sistemas de creencias, es decir, un cambio de mentalidad de la humanidad.

Dentro de esas realidades podemos destacar el espectacular crecimiento económico y salto social de China, preeminencia de la mujer, desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación, visibilización de las minorías, la hiperconectividad a través de la magia de la internet (reforzando la tesis de la aldea global), el acelerado proceso de modernización y urbanización y algo  fuera de serie, que escandalizó el mundo y el establishment global: el ascenso del primer negro a la Casa Blanca, Barack Obama. Plantearlo años atrás era una cosa de locos por el hecho de que la historia estadounidense ha estado marcada por prácticas del apartheid, o sea, segregación racial sistemática a grupos humanos distintos.

Obama previo a llegar al Despacho Oval de la Casa Blanca en el 2009, realizó una campaña de reconciliación nacional, de todos los sectores de ese país marcada por la lesión del “sueño americano”, que engloba la esperanza, oportunidades y progreso de sus ciudadanos. Obama aplicó muy bien la técnica del Storytelling, o sea, el arte de contar historia para conectar con la audiencia y en una frase resumió y sintetizó ese sueño americano “Yes We Can”, que en español es,  “si, nosotros podemos”. El acento progresista en la narrativa discursiva doblegó a las masas con una aura de carisma y magnetismo que literalmente te atrapaba. Una vez en la conducción del Estado realizó una gestión cercana a la gente. Esta estrategia y estilo le dio un toque humano al poder. Ya el líder no estaba allá arriba y distante en condición de semi Dios, sino que era de carne y hueso y podía hacer empatía con el que sufría.

Si nos vamos a Latinoamérica, me permito mencionar tres casos donde entiendo que se hizo un gran esfuerzo por humanizar la figura presidencial. El caso venezolano con su entonces mandatario, Hugo Chávez, con una gran capacidad de convocatoria, legitimidad y magnetismo, inauguró un programa de televisión llamado “ALÓ PRESIDENTE”, espacio de comunicaciondonde el mismo presidente canalizaba las demandas de la ciudadanía de manera directa y sin terceros. El líder y el pueblo, esto era un verdadero toque de queda. Desde esa tribuna les ordenaba a sus ministros cumplir determinadas peticiones.

Por otro lado, tenemos a Rafael Correa, quien ejerció la primera magistratura del Ecuador por una década (2007-2017), donde tenía su propio programa de televisión “enlace ciudadano”, transmitido todos los sábados, era una especie de rendición de cuentas al pueblo, ahí se rebosa su carisma y encanto y la adhesión del pueblo que legitima las ejecutorias gubernamentales. En otro orden, tenemos el expresidente Danilo Medina, que a pesar de no ser un cautivador con las palabras, su equipo al llegar al poder creó el programa de “visitas sorpresas”, programa donde el  entonces gobernante visitaba a las personas del sector agropecuario, concediéndole financiamiento y apoyo técnico, desde el punto de vista del marketing político eso fue una genialidad, un presidente donde los campesinos y electoralmente se explotó para un segundo mandato.

Finalmente debo indicar que amén de los resultados finales de las gestiones finales de esos mandatarios, sus luces y sombras, el hecho que queremos destacar y significar es la humanización del poder, ese liderazgo que es de carne y hueso, en países como el nuestro marcado por una cultura política hiperpresidencialista donde el bienestar general no se institucionaliza del todo, sino, que depende de la voluntad del Presidente, a tal punto que es más fácil ver a Dios en un sueño o visión que ver y tocar a un presidente. Ahí radica la necesidad de humanizarlo.

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