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CAUSAS DE LA CRISIS DEL DEBILITAMIENTO DEL SISTEMA DE PARTIDOS DOMINICANOS

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Por Max Montilla
 
Dentro de los factores internos que acompañan el debilitamiento del sistema partidario dominicano podemos incluir los siguientes cinco puntos: la falta de una ideología política, el clientelismo político, desconfianza política, la manipulación de los medios de comunicación y las demandas de políticas públicas.
 
Con la desaparición física de los tres grandes líderes de los partidos mayoritarios (Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer) hemos caído en un debilitamiento partidario, pues esos grandes caudillos absorbían en su totalidad a sus respectivas organizaciones, llevándose a la tumba el propio sistema, tal y como especifica el profesor Wilfredo Lozano en su escrito: “Sistema de Partidos y Cambio Democrático: Aproximaciones al caso dominicano”, quien analiza a estos tres grandes líderes de la siguiente manera:
 
Se han producido así históricamente tres modalidades o lógicas de articulación de las organizaciones partidarias de masas. La que podría denominarse “modalidad balaguerista” mediante la cual se articula un modelo de equilibrio tenso con predominio militar en el Estado. En esas condiciones la lucha de tendencias militares expresa el esquema excluyente de la participación política democrática en el sistema de partidos. El «modelo boschista» donde el carácter de la lucha interna se acerca al modelo histórico de las luchas del movimiento socialista, pero sin evidenciar un debate ideológico público. En ese modelo la disputa interna se produce en torno al control de esferas de poder en el partido, pero sobre todo en torno a la búsqueda del reconocimiento directo del favor político del líder. Modernamente, esa situación se hace clara con el poder que ha logrado concentrar el presidente Leonel Fernández en su propia organización, la cual también preside. Tan es así que ha logrado, incluso, que sus principales antagonistas reconozcan dicho liderazgo por encima de los aparatos formales de la organización, como su Comité Político, el cual controla. En el PRD la lucha de tendencias expresaba un modelo de equilibrio tenso, pero de corte democrático, mediante el cual el líder resolvía en una compleja cadena de mediaciones las difíciles relaciones entre los grupos medios que expresaban sus intereses en las tendencias y frentes de masas y el movimiento popular que era dominio exclusivo del líder carismático, Peña Gómez. En ese contexto, hoy día la lucha faccional predomina sobre la política nacional y la misma se dirime en dos niveles: la búsqueda de apoyos en los grupos de presión del empresariado, el clero católico y los medios de comunicación y la movilización clientelista y prebendalista interna. (Lozano 2010).
       
La idea anteriormente citada encuentra más apoyo en lo que dice Cristopher Mitchell, en su análisis: “La República Dominicana 2007, Buscando la Institucionalidad”.
 
“La República Dominicana cuenta con un conjunto de partidos políticos de masas, anclados en un nivel notable de identificación partidaria entre sus seguidores. Desde 1982, el sistema ha incluido los tres competidores principales ya mencionados, cada uno con representación en el Congreso y con la demostrada capacidad para conquistar la presidencia. Esfuerzos recientes para invadir y dividir este “espacio político”, con la formación de nuevos partidos, han fracasado; el partido principal más joven (el PLD) cumplió 34 años. El poder de los líderes nacionales, dentro de sus partidos, resulta en parte de su control sobre la designación de los candidatos electorales, y de los funcionarios públicos (cuando ocupan la silla presidencial). (Mitchell 2008).
 
Para Servio Tulio Castaño el sistema de partido en la República Dominicana está atravesando por una serie de cambios pero que a su vez sigue adoleciendo de los mismos problemas hereditarios. Para la entidad, luego de varios procesos electorales, según ellos, más de dos décadas reflejan un sinnúmero de problemas y retos que deben ser enfrentados a la mayor brevedad posible.
 
Enfatizan que para las elecciones del 2010 solo seis partidos de los 27 que habían en ese entonces presentaron candidatos propios, dando a entender que la falta de identidad conlleva a cuatro grandes grupos, los cuales son: 1.          Falta de ideologías y propuestas que diferencien a una organización política de otra;
 
2.         Ventajas inequitativas de cara a la competencia electoral (lo que se expresa en acceso desigual a los medios de comunicación y dispendio de fondos gubernamentales);
 
3.         Falta de transparencia en el uso de recursos y; 4.          Sobre posición del clientelismo y la prebenda frente al mérito (Fundación Institucionalidad y Justicia 2014).
 
En una próxima entrega estaré hablando con el Soberano acerca del primer punto que trato aquí: la falta de una ideología política. 

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