China y Latinoamérica, una relación creciente
Por Max Montilla
Desde hace mucho tiempo se ha estado hablando y escribiendo acerca de cómo China le ha estado ganando espacio en la geopolítica al otrora dueño del mundo que era Estados Unidos de Norteamérica.
No es un secreto para nadie que Estado Unidos ha estado perdiendo terrero en latinoamérica, ya sea por diversos factores que cito en el párrafo posterior, y es que las exportaciones con ese gigante asiático en la región (dos mercados, Brasil y México explicaron el 50% del total, los que además ganan terreno respecto a la importancia presentada en 2001). En el caso de las importaciones China desde la región, Brasil se destaca llegando a explicar el 46% del total adquirido por China desde América Latina.
En importancia le siguen Chile, Perú y México. La relación comercial de China con la región se ha expandido fuertemente no solo en el comercio de bienes, sino también en el de servicios, las inversiones, el financiamiento y la cooperación. También se establecieron vínculos formales de intercambios políticos como CELAC – China.
Esta profundización de los vínculos entre China y América Latina, se da ya no solo a través del canal económico y comercial, sino también a través de la firma de Tratados de Libre Comercio (TLCs). De hecho, los dos Libros Blancos sobre las relaciones de China con la región, establecen como prioridad la firma de acuerdos comerciales. Hasta la fecha, China cuenta con TLCs vigentes con Chile (2005), Perú (2009) y Costa Rica (2010), negociaciones con Colombia y las de Panamá (país que reconoció diplomáticamente a China rompiendo relaciones con Taiwán).
En un papers publicado llamado: “China y América Latina: claves hacia el futuro”, recién publicado conjuntamente por el Centro de Estudios Internacionales de la UC y el capítulo chileno de la Fundación Konrad Adenauer. Editado por el director del CEIUC, Jorge Sahd, y con las contribuciones de siete académicos de diversa expertise sobre China, el texto busca dar luces sobre una vinculación que, si bien descansa fundamentalmente en el pilar económico y comercial, necesariamente abarca otras dimensiones.
Las relaciones de China con América Latina han estado mediadas por dos factores: la necesidad de obtener recursos para el desarrollo económico del país asiático y la búsqueda de estrechar lazos políticos con la región. Por otra parte, la competencia estratégica sino-estadounidense viene a aportar nuevos ingredientes a esta relación.
Históricamente, China ha desarrollado una relación ambigua con Occidente. En el siglo XIX, encontramos elementos que dan cuenta de una percepción negativa, gatillada por las Guerras del Opio y las sistemáticas pérdidas territoriales, que han alimentado el nacionalismo chino hasta el día de hoy.
Sin embargo, ya en los tiempos de Mao Zedong, y sobre todo durante el periodo Deng, la República Popular China, creada en 1949 y heredera de esa tradición, vislumbró ciertas oportunidades de desarrollo económico que podía generar una relación constructiva con Occidente.
Luego del fin de la Guerra Fría, y especialmente después del 11 de septiembre de 2001, ha ocurrido un cambio en la forma en que China se relaciona con Occidente, y particularmente con Estados Unidos, lo que ha implicado una transformación en las prioridades asignadas a América Latina.
Los elementos permanentes de la actual política exterior son los llamados cinco principios, expuestos por China, junto con la India, en 1954, durante la visita del premier chino Zhou Enlai a Myanmar. Basados en una política exterior independiente, ellos son: respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial, no agresión, no intervención en los asuntos internos del otro, igualdad y beneficio recíproco, y coexistencia pacífica. Una de las características más importantes de esta estrategia es el objetivo de llegar a convertirse en un poder global.
Como se ha visto esta síntesis sobre el tema China y latinoamérica, el gigante asiático ha estado consolidándose en nuestra región y como en política nunca ha existido vacío de poder, China ha aprovechado que los Estados Unidos de Norteamérica se ha enfrascado en asuntos bélicos por Europa, Irak, Irán, Kuwait y demás países y ha descuidado su doctrina Monroe que venía prevaleciendo en latinoamérica desde hace mucho tiempo, aunque dicha doctrina consistía en considerar cualquier intervención europea en los destinos de los países americanos como un agravio directo a los Estados Unidos que ameritaría una respuesta inmediata y contundente, hoy los papeles han cambiado.
Como dice el adagio: “Rey muerto, rey puesto”.
Nos leemos en otro artículo.







































